Estás para
todos.
Y cada vez
menos
para ti.
No porque no quieras. Sino porque te sale así. La que siempre está disponible. La que nunca dice que no. La que se adapta a todo.
Reserva tu llamada gratuita →Te dejas tanto que llega un día
en el que te desconectas
de lo que sientes y necesitas.
Y empiezas a funcionar en modo piloto automático. Sin saber muy bien qué quieres tú.
¿Dices que sí aunque por dentro
algo se encoge?
¿Tu cuerpo carga lo que no dices:
mandíbula, estómago, espalda?
¿Sientes que tus necesidades
siempre van las últimas?
Cuando aprender a complacer
fue necesario
Esta forma de estar en el mundo no es casual
Tiene que ver con un momento de tu vida en el que adaptarte, agradar o no incomodar fue una manera de mantener el vínculo, de evitar el conflicto o de sentirte aceptada.
Esta parte complaciente que hoy te hace callarte no nació para hacerte daño. Nació para protegerte. Aprendiste a leer lo que el otro necesitaba. A adelantarte. A ceder.
Ser disponible, comprensiva, flexible… te permitió sostener relaciones, cumplir con lo esperado y encajar. Además, esta parte de ti suele estar muy reforzada por tu entorno: "Es que eres tan buena…". Mensajes así te hacen creer que estás haciendo lo correcto.
La emoción que no se expresa no desaparece
Puedes creer que, por callarte lo que sientes y no escucharte, eso va a dejar de estar presente. Pero lo que no se expresa no desaparece. Se queda en el cuerpo.
Cuando una etapa de tu vida está marcada por una dificultad para poner límites y expresar lo que sientes, la emoción que suele aparecer es la rabia. Se trata de una rabia contenida que a veces no se expresa como un enfado evidente. A veces se expresa como:
- Un cuerpo que no termina de bajar la guardia
- Dificultad para soltar la tensión, incluso cuando paras
- Molestias físicas persistentes, sin una causa clara
- La sensación constante de estar sosteniendo más de lo que te corresponde
La rabia no expresada, lejos de irse, se transforma en un peso constante.
"Podrías decir que no"… pero no te sale
Desde fuera, a veces parece sencillo: "Pon límites", "Piensa más en ti", "Tienes que aprender a decir que no".
Pero no se trata de aprender a decir una palabra. Se trata de entender que, detrás, hay miedo. Miedo a decepcionar. A perder el vínculo. A ser vista como egoísta. A dejar de ser querida.
Cómo se acompaña esta etapa en terapia
El trabajo terapéutico en esta etapa consiste en entender qué parte de ti aprendió a callar, cuándo apareció y de qué estaba intentando protegerte. No para forzar un cambio, sino para dejar de rechazarla y empezar a mirarla con más comprensión y compasión.
A partir de ahí, el proceso permite:
- Aprender a identificar lo que necesitas a través del cuerpo
- Empezar a expresar aquello que sientes
- Diferenciar responsabilidad de sobrecarga
- Empezar a poner límites desde el cuidado, no desde la culpa
No se trata de volverte dura. Se trata de volverte honesta contigo y encontrar tu propia coherencia.
Si estás en una etapa en la que siempre estás disponible para todos menos para ti, quizá no te falte generosidad. Quizá te falte un lugar donde aprender a expresarte sin miedo y empezar a poner límites sin culpa ni vergüenza.
Si algo de esto
te ha resonado
No necesitas tenerlo todo claro para dar el primer paso. Una llamada de 20 minutos, gratuita y sin compromiso, para ver si este es tu espacio.
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Soy Lucía Lara, psicóloga especializada en salud mental femenina.
Hace nueve años viví en primera persona lo que significa desconectarte de ti misma sin saber muy bien por qué. Esa experiencia me enseñó algo esencial: la terapia no es un lujo, es un camino de regreso a ti.
Hoy acompaño a mujeres en las distintas etapas de su vida para que, a través de su propia historia, puedan comprenderse mejor y reconstruir su bienestar.
Psicóloga Sanitaria y Forense · Col. nº M-32435 · Madrid
Formación: Enfoque integrador. TCC, IFS, EMDR, terapias contextuales, terapia familiar sistémica, terapia breve estratégica, psicología perinatal.
Lo que dicen
ellas
Más de 20 reseñas de cinco estrellas.
"Entrar a una sesión con ella es permitirme tener un rato en el que me siento cuidada, escuchada y válida."
"Con Lucía aprendí a sanar aquello que no entendía y que por mi misma me costaba. Millones de gracias."
"Te ayuda a ver las cosas desde otra perspectiva, buscando partes de ti que habías olvidado que tenías."