lo que nos decimos para no pedir ayuda

“No es tan grave”, “ya se me pasará”, “hay gente peor”: lo que nos decimos para no pedir ayuda

Vamos a hablar claro.

Hay una serie de frases que usamos como escudos. Las soltamos casi sin pensar, como si tuvieran poderes mágicos para espantar el malestar.

 

Pero no lo espantan. Solo lo empujan debajo de la alfombra mental donde, ya te adelanto, se sigue pudriendo.

 

“No es tan grave”

 

Comparado con qué. ¿Con una guerra? ¿Con el apocalipsis zombi? ¿Con alguien que, bajo tu criterio, lo está pasando “peor? 

 

Dime una cosa: ¿hay alguna forma de medir el dolor emocional? Tal vez lo midas a partir del evento que provocó ese malestar, pero esto es un gran error.

 

Personas con experiencias iguales, pueden vivirlo de forma muy diferente y, como siempre digo: aquí importa cómo tú te cuentas la historia.

 

El dolor no es una competencia. Si algo te duele, importa. Medir el sufrimiento en una escala de merecimiento solo sirve para una cosa: silenciar lo que grita adentro. 

 

“Ya se me pasará”

 

Tal vez. Pero también puede que no. O puede que vuelva con más fuerza. El “se me pasará” es la anestesia emocional de quienes aprendieron a sobrevivir aguantando. No es cobardía, es costumbre. Pero hay una diferencia enorme entre resistir y sanar.

 

“Hay gente peor”

 

Eso seguro. Siempre la habrá. También hay gente mejor, con más dinero, con más paz mental, con menos traumas. ¿Y?

 

No se trata de competir. Se trata de entendernos. De hacernos cargo de aquello que se rompió en nosotras sin justificarlo con el roto de los demás.  

 

¿Por qué ponemos estas excusas?

 

Porque ir a terapia es incómodo.

 

Porque admitir que necesitamos ayuda se siente como una rendición.

 

Porque nos enseñaron que hablar de lo que duele es exponernos, es mostrar debilidad. 

 

Porque crecimos entre frases como: “tú puedes sola”, “no hagas un drama de esto”, “todo está en tu cabeza” (Claro, por eso hay que hablarlo).

 

Iniciar un proceso de terapia puede activar todas nuestras defensas. Claro que es más fácil seguir funcionando en piloto automático que detenerse y mirar el caos con honestidad. 

 

Evitarlo tiene un coste emocional muy bajo a corto plazo. Pero nadie te ha hablado de que ese coste emocional se multiplica con el tiempo.

 

Ninguna persona es capaz de sanar ignorando la herida. Nadie reconstruye una casa mientras finge que las paredes no se están cayendo.  

 

No hace falta tocar fondo para pedir ayuda.

 

A veces basta con estar cansada de nadar sin dirección.

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