Vivimos repitiendo frases como “no me da la vida”

Tiempo.

Recurso siempre disponible. 

Recurso que siempre utilizamos de excusa aludiendo la falta del mismo.

 

Vivimos repitiéndonos continuamente: “No me da la vida”, “Si tuviera un rato para mí…”, “Cuando tenga tiempo, lo haré”. 

 

Aunque la realidad sea otra: El tiempo lo tenemos. Lo que no tenemos, muchas veces, es el permiso para usarlo en lo que verdaderamente es importante. 

 

Y no me refiero a productividad, metas o eficiencia. Me refiero a lo que realmente nos está pidiendo el cuerpo, la mente o el alma. 

 

Cogerte el día libre. Parar cuando el cuerpo ya no tira. Apuntarte a ese taller. Salir a caminar sin destino. Leer esa novela que lleva meses en la mesita de noche. Pedir ayuda. Empezar terapia. 

 

¿Por qué posponemos lo que nos hace bien?

 

Porque creemos que no podemos “perder el tiempo” en nosotros. 

 

Porque cuidar de una misma sigue siendo percibido como un lujo, no como una necesidad. 

 

Porque darnos permiso implica reconocer necesidades que, quizá, preferimos ignorar. 

 

En terapia escucho constantemente esta frase:

 

“Hace tiempo que quería venir, pero no encontraba el momento”

 

Y ahí está. No es una cuestión de agenda, sino de prioridad. De poder interno. 

Venir a terapia no requiere que tengas tardes libres o semanas desocupadas. 

Requiere que te des permiso. El permiso de parar, de mirarte y de incomodarte un poco, incluso. 

Pero todo con un fin: crecer y evolucionar.

 

La próxima vez que digas “no tengo tiempo”, pregúntate:

 

¿Realmente no tengo tiempo o no me estoy dando permiso?

 

Tu bienestar no necesita una agenda despejada.

Necesita coraje, decisión y permiso.

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