En nuestra vida diaria, cuantas veces, ante situaciones que nos han generado un malestar, hemos recibido mensajes tales como:
“Es lo que hay”
“No te queda otra más que aceptarlo”
Sin embargo, detrás de estas palabras se esconden dos actitudes muy diferentes hacia los problemas: aceptación y resignación.
Desde la perspectiva de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), la diferencia entre ambas es clave para nuestro bienestar emocional y psicológico.
¿Qué es la aceptación?
Bajo el marco de ACT, la aceptación nada tiene que ver con tomar una actitud pasiva ante el problema. Se trata de una postura activa que implica abrirse a la experiencia tal y como es, incluso ante situaciones que conllevan emociones, pensamientos o circunstancias incómodas o dolorosas.
(Y no, la aceptación no tiene que ver con los mensajes de las tazas Mr. Wonderful)
Aceptar significa reconocer una realidad sin luchar contra ella, pero con un propósito: elegir actuar en función de nuestros valores. No se trata de “rendirse”, sino de permitir que las emociones y experiencias fluyan sin bloquearlas, para luego decidir cómo queremos responder ante ellas.
No podemos cambiar lo ocurrido, pero sí decidir sobre qué hacer tras lo ocurrido.
¿Y la resignación?
La resignación, en cambio, implica rendirse ante una situación sin la intención de cambiarla o influir en ella. Resignarse puede llevar a sentir que no tenemos poder para cambiar las cosas, limitando nuestras posibilidades y alimentando emociones como la frustración, la tristeza o el vacío.
¿Qué tal si lo vemos con un ejemplo?
Carla acaba de terminar una relación de hace un año. Aunque sabía que la relación no estaba funcionando, el final le ha generado tristeza, frustración y miedo al futuro.
Postura de resignación: “Esto siempre me pasa. Nunca voy a encontrar a alguien que me quiera de verdad. Es mejor acostumbrarme a estar sola porque el amor no es para mí”.
En esta postura, Carla se rinde emocionalmente y se encierra en una visión negativa del futuro. Interpreta la ruptura como una señal de que no vale la pena intentar construir relaciones, aunque esto suponga una desconexión de sus propios valores. La consecuencia es permanecer inactivo.
Postura de Aceptación: “Esta ruptura está siendo dolorosa y me siento triste. Sin embargo, sé que terminar era lo mejor para ambos. Aunque ahora me cuesta imaginarlo, voy a cuidar de mí misma y estar abierta a lo que venga en el futuro”.
En esta postura, Carla acepta lo que siente y conecta con valores como el autocuidado,el aprendizaje y la experiencia en nuevas relaciones. Después podrá tomar acciones tales como: buscar apoyo en amigos, iniciar un proceso de terapia para reflexionar sobre lo aprendido en la relación y dedicará tiempo a actividades que le brindan bienestar.
¿Por qué es importante elegir la aceptación?
Desde ACT, la aceptación es una de las habilidades centrales para desarrollar flexibilidad psicológica, que es clave para vivir de manera plena y significativa.
Al aceptar, abrimos espacio para vivir con autenticidad, en lugar de quedar atrapados en una lucha constante contra el malestar o en una parálisis causada por la resignación.
La aceptación nos permite actuar con intencionalidad, aunque las circunstancias sean difíciles. En lugar de intentar cambiar lo que está fuera de nuestro control, nos enfocamos en lo que sí podemos elegir: cómo respondemos a esa realidad desde nuestros valores.