Los vínculos emocionales reparan, sostienen y te cambian. ¿Qué ocurre cuando se dan entre dos mujeres? Hoy pongo el foco en éstos

Cuando se está en un proceso de terapia, muchas veces las grandes preguntas no vienen acompañadas de grandes respuestas.


A veces, tras la pregunta, basta con recordar una conversación, una situación o una persona que, sin hacer ruido, te cambió algo por dentro.

Un pequeño click que tiene un gran efecto.

 

Hoy quiero hablarte de cuando esa persona se trata de una mujer porque durante mucho tiempo quizá nos hicieron creer que éramos más rivales que otra cosa.

 

No necesariamente tiene que ser una mujer cercana a ti.


No siempre es esa mujer que lleva toda la vida contigo.


A veces es una mujer que llega desde otro lugar, otra etapa u otro contexto, pero aparece justo cuando más la necesitas.

 

No es solo amistad. Es sostén emocional

 

Podemos tener muchas mujeres alrededor y aun así conectar con una sensación de soledad.


Por eso, cuando aparece una que no te juzga, no compite y no te exige… algo cambia.

 

O si no, dime: ¿Cuántas amistades entre mujeres habrían surgido y perdurado en el tiempo si tras ese momento de baño en una discoteca o un festival, hubieran quedado otro día para conocerse?

 

(Muchas amistades. Todas lo sabemos)

 

Hay vínculos que reparan incluso sin darte cuenta.


Una mujer que comparte su historia sin maquillaje.


Que habla desde la herida, no desde el personaje.


Que no espera que estés fuerte para escucharte.

 

Ese tipo de vínculo no solo acompaña.

También reeduca emocionalmente: nos muestra que es posible relacionarnos desde otro lugar.

 

La importancia psicológica de estos vínculos

 

Desde la psicología, sabemos que el apego que construimos con nuestros cuidadores principales en la infancia, luego se reproduce en los vínculos que creamos siendo adultas y que éste puede ser reparado a través de esas mismas relaciones.

 

Por lo que esos vínculos entre mujeres, cuando se construyen desde el cuidado, la validación, la compasión y la ternura, pueden ser tremendamente reparadores.

 

Estas relaciones pueden ser profundamente terapéuticas. Pueden ayudarnos a reducir la sensación de soledad, servirnos de corregulación y pueden devolvernos una imagen de nosotras mismas menos filtrada por la exigencia.

 

¿Por qué no hablamos más de esto?

 

Porque muchas veces se confunde la sororidad con una consigna.


Y no, esto no va de grupos perfectos ni de círculos ideales.

 

A veces es solo una mujer.
Una conversación.
Una coincidencia.
Pero basta para sostener algo que parecía a punto de romperse.

 

Y sea lo que sea, también merece ser nombrado.

 

¿Y si hoy piensas en ella?

 

La mujer que te ayudó sin pedirlo.


Que te mostró sus sombras y, al hacerlo, te permitió aceptar las tuyas.


La que no te salvó, pero te acompañó.


La que no hizo ruido, pero te cambió la forma de habitarte.

 

Nombrarla puede ser un acto de agradecimiento.


Pero también de reparación.

 

Porque decir “gracias” desde este lugar, también es una forma de sanar.

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