Posparto Real

Lo que nadie te contó
 
Nadie te contó que la primera vez que te mires al espejo no te reconocerás.
 
Nadie te dijo que, durante muchos meses después, probablemente seguirás utilizando tus pantalones de embarazada.
 
Nadie te explicó que transitarás un proceso llamado “transparencia psíquica”, a través del cual revisarás cómo fue tu crianza para construir el modelo de madre en el que hoy quieres convertirte.
 
Nadie te advirtió que este proceso, muchas veces, duele: duele tomar conciencia de lo que faltó, y a veces eso despierta la necesidad de tomar distancia de tu familia de origen.
 
Nadie te dijo que tu pareja puede volverse una persona extraña, con todo lo que eso se supone. 
 
Nadie te contó que tendrás que tolerar comentarios cargados de juicio sobre el tipo de crianza que eliges.
 
Nadie te avisó de lo agotador que es maternar, y de cómo tu sistema nervioso puede sentirse casi siempre al límite, tan sobreestimulado que, a veces, solo desea desconectarse del todo.
 
Nadie te dijo que quizá nadie valore todo lo que haces, y que serás tú la que tendrá que dar valor a todo ese esfuerzo con el cargas.
 
Sin embargo, tal vez tampoco te dijeron…
 
Que la maternidad empodera, y mucho. 
 
Que si antes te costaba poner límites, ahora te resultará más “sencillo” ponerlos porque por encima de todo estáis tu bebé y tú.
 
Tampoco te dijeron que descubrirás una fortaleza en ti que jamás antes habías sentido.
 
No te contaron que, si te juntas con otras mujeres que están transitando lo mismo que tú, podrás construir una tribu maravillosa. Y que la clave está ahí: en las comadres.  
 
Tampoco te dijeron que amarás a tu bebé, pero también extrañarás tu soledad, y que ese sentimiento es válido e universal. 
 
Tampoco te contaron que, durante el día, desearás que tu bebé se duerma para descansar, pero que cuando lo haga, te sorprenderás mirando sus fotos en el móvil.
 
También habrá veces que desearás silencio, pero extrañarás el ruido cuando no esté. 
 
Tampoco te dijeron que el simple hecho de no querer repetir aquello que tus padres no hicieron bien contigo, ya te coloca en un lugar diferente: mas consciente, más empático y más cuidadoso con tu bebe.
 
Y la culpa, siempre la culpa
 
En ese duelo se cuela también la culpa:
por no estar siempre feliz,
por no disfrutar cada segundo,
por necesitar tiempo para ti.
Pero no hay nada patológico en sentirlo.
 
No hay nada egoísta en querer cuidar también a la mujer que sigue viviendo dentro de la madre.
 
“El posparto no se supera, se habita y se honra. 
Y en ese habitar, poco a poco, una nueva mujer nace.

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