El problema de Rodolfo no era que no pudiera bailar
El problema de Rodolfo era lo que estaba haciendo con eso.
Con la rigidez. Con las caídas. Con la distancia entre lo que quería ser y lo que sentía que podía ser.
Y ahí está todo. Esa lucha entre lo que somos y lo que creemos que deberíamos ser — no es un problema de la infancia. Es una circunstancia que muchos humanos transitan.
En psicología hay un concepto que se llama flexibilidad psicológica.
Es uno de los pilares de la Terapia de Aceptación y Compromiso. Y básicamente dice esto: no se trata de eliminar lo que nos dificulta. Se trata de aprender a movernos con ello. A no dejar que lo que no podemos controlar decida por nosotros lo que sí podemos hacer.
Por qué lo escribí como cuento
Podría haber escrito un artículo técnico sobre flexibilidad psicológica. De hecho, los hay. Muy buenos, muy rigurosos, muy útiles para quien ya sabe lo que está buscando.
Pero hay algo que ocurre cuando una historia bien contada aterriza en ti que no ocurre de ninguna otra manera.
Los niños lo saben instintivamente. Los adultos lo hemos olvidado un poco.
Así que escribí un cuento. Uno que nació para la consulta, para poder trabajar con niños desde un lugar menos frontal, más suave, más cercano a cómo los niños procesan el mundo. Y que, según lo fui escribiendo, fui viendo que también hablaba de cosas muy de adulto.
De esa rigidez que nos limita. Del miedo a tropezar delante de los demás. Del coste de no intentarlo por no fallar. De lo que significa seguir moviéndote hacia lo que valoras aunque no salga perfecto.
Lo que me llevo de Rodolfo
Hay una frase que escribí en el libro que sigo pensando:
Vivir de manera plena y consciente no significa vivir sin dificultades. Significa seguir un rumbo alineado con lo que realmente valoramos, incluso cuando el camino es complicado.
Eso es la flexibilidad psicológica. No la ausencia de rigidez. La capacidad de seguir moviéndote a pesar de ella.
Rodolfo tropieza. Rodolfo duda. Rodolfo tiene momentos en los que la voz que dice «esto no es para ti» suena muy fuerte.
Y sigue bailando.
Para quién es este libro
Digo que es un cuento para niños porque lo es. Está pensado, escrito y dibujado para ellos. Si tienes hijos, sobrinos, alumnos o cualquier niño cerca al que quieras regalarle algo con fondo real, Rodolfo es para ellos.
Pero también te animo a que lo leas tú.
No porque los adultos seamos niños grandes — eso ya está muy dicho. Sino porque a veces necesitamos que alguien nos cuente algo de una manera simple para que por fin lo entendamos de verdad.
Y la historia de un elefante con patitas rígidas que quiere bailar tiene más que decirte de lo que parece.
Abrazo fuerte, Lucía