Las trampas del autocuidado

trampas del autocuidado

El autocuidado promete paz, pero a veces viene con trampa: se convierte en checklist, en autoexigencia disfrazada, en individualismo cool o en parche para lo que es estructural. No se trata de velas ni baños de espuma, sino de un autocuidado menos bonito, más honesto y realmente sostenedor.

Vivimos repitiendo frases como “no me da la vida”

¿Y si no es falta de tiempo… sino de permiso?

Vivimos repitiendo frases como “no me da la vida” o “cuando tenga tiempo lo haré”…
Pero muchas veces no es la agenda lo que está llena, sino nuestra resistencia a priorizarnos.

Nos cuesta parar.
Nos cuesta elegirnos.
Nos cuesta pedir ayuda.

Y no porque no queramos.
Sino porque hacerlo implica reconocer que necesitamos cosas que a veces preferimos no mirar.

En terapia lo escucho todo el tiempo:
“Hace mucho quería venir, pero no encontraba el momento…”

La verdad es que el momento no aparece.
Hay que crearlo.
Con coraje.
Con decisión.
Y con permiso.

En el blog te hablo más sobre esto: cómo cambiamos cuando dejamos de usar el tiempo como excusa.

Crees que lo puedes sostener sola hasta que no puedes

Durante un tiempo parece que todo va bien. Aguantas. Callas. Sostienes.
Hasta que un día todo se desborda y te das cuenta de que no pedir ayuda no te hizo más fuerte: solo te hizo sentir más sola.
Sostenerte sola puede parecer un acto de valentía. Pero cuando te rompe por dentro, deja de serlo.
Este blog habla de esa línea invisible que cruzamos sin darnos cuenta, de la autoexigencia heredada, del cansancio emocional que no se ve.
Y también de lo que pasa cuando, por fin, decides soltar.

lo que nos decimos para no pedir ayuda

Hay una serie de frases que usamos como escudos. Las soltamos casi sin pensar, como si tuvieran poderes mágicos para espantar el malestar. Pero no lo espantan. Solo lo empujan debajo de la alfombra mental donde, ya te adelanto, se sigue pudriendo.

La carga mental es un concepto de moda, pero es algo que lleva con nosotras mucho tiempo. Dicen que es invisible, que no se ve, pero cada vez tengo más claro que no la ve quién no quiere verla

Nota para evitar personas ofendidas: Hablaré de mujeres y en femenino, pero asumo que también hay hombres que puedan identificarse con lo que voy a hablar hoy. Y, por supuesto, incluyo todos los modelos de familia y reconozco que hay muchas familias que están haciendo un gran trabajo en el reparto de la carga mental o incluso que esa carga mental solo puede recaer sobre uno, y que, por tanto, podrían no verse reflejadas en lo que cuento aquí.

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